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Las pausas y el autocuidado en la vida de una matrona


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Ser matrona requiere una presencia constante. Cuando, además, acompañamos partos en casa y estamos disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, el nivel de cansancio y estado de alerta se intensifica. No podemos movernos sin el celular, asistir a eventos sin señal, y si una mujer está en sus semanas de término (37 a 42 semanas) mientras estamos fuera, podemos tener que salir en cualquier momento. Las celebraciones se posponen porque el parto es prioridad. Recuerdo, cuando mis hijas eran pequeñas y no tenían noción del tiempo, muchas veces cambiábamos fechas para poder estar presentes en los nacimientos.


Esa presencia es parte del módelo holístico —para conectar, para que la intuición sea reconocida como conocimiento— también genera desgaste. Por eso, creo que las matronas que acompañamos partos, especialmente en casa, necesitamos pausas, tiempos de restauración: poder desconectarnos del celular, acostarnos sin tenerlo al lado, sin dejar todo listo por si suena en la madrugada, planificar viajes, paseos y vacaciones, son esenciales para recuperar energía, fortalecer el deseo de estar presentes y cuidar la salud.


Llevo 15 años viendo la magia de los partos en casa y creo que para mí ha sido vital tener estas pausas. Me han permitido seguir acompañando con entusiasmo, con energía, convencida de que esta labor tan transformadora necesita que nos cuidemos primero a nosotras.


El cansancio de las matronas: un problema global

El cansancio de las matronas no es solo una vivencia personal, sino un fenómeno generalizado a nivel mundial, impulsado por la sobrecarga laboral, la falta de apoyo y condiciones organizacionales complejas. Esto no solo repercute en la salud mental de las profesionales, sino también en la calidad del cuidado que reciben las mujeres y sus familias.

Las investigaciones muestran que el cansancio se manifiesta como fatiga física y mental, agotamiento emocional y burnout, con prevalencias que oscilan entre el 40% y el 68% en distintos países. Más de la mitad de las matronas reporta síntomas de depresión, ansiedad y estrés, y una proporción significativa incluso ha considerado dejar la profesión debido a estos factores. El desgaste también se relaciona con la fatiga por compasión y el estrés traumático secundario, sobre todo tras la exposición a experiencias difíciles o traumáticas durante el trabajo.

Factores de riesgo identificados

  • Sobrecarga y turnos largos: aumentan la fatiga, el agotamiento y el deseo de abandonar la profesión.

  • Falta de apoyo y reconocimiento: un bajo nivel de apoyo social y organizacional incrementa el riesgo de burnout.

  • Menor experiencia y juventud: matronas jóvenes y con menos de 10 años de experiencia son más vulnerables.

  • Calidad del sueño y salud mental: el mal dormir, el estrés y eventos vitales adversos profundizan la fatiga.

  • Modelos de atención fragmentados: la falta de continuidad en el cuidado aumenta el desgaste emocional.


Estrategias de prevención y apoyo

Las investigaciones coinciden en que no basta con el esfuerzo individual: se requieren también cambios estructurales y organizativos. Entre las estrategias más efectivas se destacan:

  • Mejorar el apoyo social y organizacional.

  • Promover modelos de atención continua, que permiten vínculos más sólidos y menos fragmentación.

  • Optimizar los turnos laborales para prevenir fatiga crónica.

  • Fomentar el autocuidado y la gestión emocional como parte de la práctica profesional.

  • Desarrollar liderazgos positivos y sistemas de gestión del riesgo de fatiga en las instituciones.


Pausas: un acto de cuidado y resistencia


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Sin pausas, el riesgo de burnout se dispara, especialmente en un contexto donde el parto en casa aún es cuestionado y donde muchas veces debemos sostenernos en un sistema que nos observa con desconfianza. Esa doble carga agota, tanto física como emocionalmente.

Por eso, recomiendo pausas largas y sostenibles. En mi caso:

  • Al principio, fueron orgánicas —las gestaciones y los puerperios me obligaban a detenerme y enfocarme.

  • Luego, fueron decisiones conscientes.

  • Ahora, ya en la perimenopausia, cuido particularmente el sueño y cortisol: las pausas son más largas y más esenciales que nunca.


Cuidarse no es un lujo es una necesidad vital y una estrategia de resistencia profesional. Si puedes, organiza tus finanzas y regálate pausas. Te aseguro que recuperarás las ganas y la energía de seguir acompañando. Hacer pausas no apaga tu vocación: la fortalece.

 
 
 

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"Cada uno, desde su lugar, puede participar en la iniciación de una nueva consciencia sobre la importancia de la manera en que nacemos"

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