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Ser cuidados para aprender: una reflexión sobre el cuidado y el autocuidado en la educación


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La educación no es solo un proceso técnico; es profundamente humano. Para que el aprendizaje sea significativo, profundo y transformador, debe comenzar desde una base de cuidado. Sin cuidado, no hay confianza, y sin confianza, el aprendizaje es complejo.


En Escuela Renacer, escuchamos frecuentemente testimonios de matronas y matrones cuyos estudios de pregrado estuvieron marcados por experiencias de maltrato y violencia psicológica. Jóvenes con vocación de servicio, atraídos por la nobleza de acompañar la gestación y el nacimiento, se encontraron en un ambiente educativo que, lejos de ser un espacio de crecimiento y respeto, les enseñó la rudeza, el aguante, el control y la intervención. Este “currículum oculto” transmite un modelo autoritario que perpetúa la violencia y la deshumanización, tanto en el ámbito educativo como en los espacios clínicos.


Es fundamental reconocer que una formación humanizada de la gestación, parto y nacimiento solo puede lograrse cuando la base de la educación es el cuidado. Esta es la reflexión que guía nuestra propuesta educativa, en la que ofrecemos espacios amables y respetuosos, donde todas las preguntas tienen cabida, el diálogo se fomenta y las prácticas y evaluaciones se realizan de manera reflexiva.


Además de esta postura pedagógica, es importante integrar el autocuidado en el proceso educativo. Este concepto, a menudo olvidado en universidades exigentes, es clave para el bienestar de los estudiantes, quienes muchas veces se ven sometidos a estándares de productividad y sacrificio que niegan la importancia del descanso y la autocompasión. En contraposición, abogamos por una educación que respete los ritmos personales y reconozca el cuerpo como un territorio de aprendizaje. Es por esta razón que nuestras formaciones, el lugar y las actividades que inviten al cuidado y autocuidado son fundamentales.


Normativa reciente y protección estudiantil

En este contexto, resulta relevante destacar que la Superintendencia de Educación Superior de Chile ha oficializado recientemente una norma que regula la convivencia y los derechos de los estudiantes en campos clínicos. Esta nueva normativa, impulsada por el caso de Catalina Cayazaya, busca proteger la salud mental y el bienestar de los estudiantes de las áreas de la salud, especialmente durante sus prácticas profesionales, y asegura que no se repitan situaciones de acoso o maltrato. La normativa establece la formación obligatoria para tutores clínicos, protocolos claros de inducción y canales de denuncia para estudiantes en prácticas.

Este tipo de avances institucionales refuerza nuestra idea central: en los entornos educativos y clínicos, debe existir una cultura del cuidado, donde la protección emocional y la humanización no sean solo principios teóricos, sino prácticas reales.


Ejemplos internacionales de formación humanizada


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A nivel internacional, varias instituciones han adoptado enfoques de cuidado y autocuidado dentro de su currículum educativo. Por ejemplo, la Universidad de Harvard, a través de su programa de Medicina Perinatal, implementa una formación centrada en el bienestar integral de los estudiantes, integrando prácticas de mindfulness, autocuidado y apoyo psicológico como parte del entrenamiento clínico de futuros profesionales de la salud (Goyal et al., 2020).

En el ámbito de la educación en salud, el modelo de educación basado en la compasión, utilizado por universidades en el Reino Unido y Australia, ha demostrado ser un enfoque efectivo para disminuir el agotamiento profesional (Burnout) y aumentar la empatía en los futuros profesionales de la salud (Patterson et al., 2017). Estos programas no solo se centran en la capacitación técnica, sino también en la construcción de competencias emocionales y éticas que fomenten una atención más humana y menos centrada en la intervención agresiva o la autoritariedad.


Ser cuidados para aprender


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El cuidado es, por tanto, el cimiento sobre el cual debe construirse una educación más humana, más empática y transformadora. Como educadores, debemos asegurarnos de que quienes se están formando para acompañar la vida en sus momentos más vulnerables reciban una educación que valore el cuidado como un principio fundamental. Acompañamos la gestación, el parto y el nacimiento de una nueva forma de aprender: un aprendizaje centrado en el cuidado, donde el respeto mutuo y la protección de la salud emocional es fundamental en todo proceso educativo.


Referencias

 
 
 

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"Cada uno, desde su lugar, puede participar en la iniciación de una nueva consciencia sobre la importancia de la manera en que nacemos"

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